sábado, 16 de enero de 2010

TOMAS DE ERCELDOUNE Y LA REINA DE LAS HADAS

TOMAS DE ERCELDOUNE Y LA REINA DE LAS HADAS


Tomas el rimador y la de las Reina Hadas- de Joseph Noel Patton


Según la leyenda existió un antiguo poeta que obtuvo el don de la profecía de la reina de las hadas……


Durante el reinado de Alejandro III de Escocia, vivió un poeta inglés, que llego a vivir 7 años en el País de los Elfos, teniendo grandes dificultades cuando regreso a la banalidad de su vida en la tierra.

Se llamaba Tomás de Erceldoune, pero le habían dado el apodo de Tomás el Rimador, ya que era autor de una obra poética dedicada a los amores de Tristán e Iseo, considerada hoy en día, la obra más antigua de la poesía inglesa.

• Cierto día que se encontraba reposando en la colina de Huntly, en las cercanías de los montes Eildons, que se levantan por encima del monasterio de Melrose, Tomás vio dirigirse hacia él una mujer espléndida que parecía una amazona o una diosa de los bosques. Encaramada en una silla de montar de marfil incrustada en orfebrería, montaba un corcel blanco cuya crin estaba esmaltada de campanillas de plata que tintineaban al viento. Como Diana o Hécate, tenía un arco en la mano y llevaba atados tres lebreles.




Volviéndose loco de deseo por semejante belleza, el poeta trató enseguida de conseguir los favores de esta mujer, que, irritada sin duda por la insistencia de sus palabras, se metamorfoseó entonces en una horrible bruja, fea y vieja, de piel ajada, color plúmbeo, labios arrugados y un ojo arrancado que colgaba de u órbita.
Pero Tomás, víctima de un encantamiento, renovó la expresión de sus pensamientos y aceptó convertirse en esclavo de la bruja.



Ésta le condujo durantes tres días y tres noches por una caverna subterránea en la que no se filtraba ninguna luz. Siguiendo a su terrible guía, Tomás avanzaba en la oscuridad. A veces percibía el rumor de un océano. Otras veces tenía que atravesar ríos de sangre.

El tercer día subieron a la superficie, donde les esperaba un bellísimo vergel lleno de manzanos. Tomás, que estaba hambriento, quiso morder uno de los hermosos frutos, pero su compañera se lo prohibió, recordándole que fue con un gesto semejante cómo el primer hombre y la primera mujer fueron excluidos del Paraíso terrenal. Tomás observó entonces que la que le hablaba había abandonado su piel de bruja y volvía a ser la mujer deslumbrante que había encontrado en la colina de Huntly.
Al mirar a su alrededor se convención de que, tras atravesar los Infiernos, se encontraban precisamente en medio del jardín del Edén.

La mujer se sentó en la hierba y rogó a Tomás que se echara a su lado para concederle los favores a los que aspiraba y que su obediencia le había hecho merecer.

Tras sus dulces expansiones, Tomás apoyó la cabeza en las rodillas de su amante, que, acariciándole suavemente el cabello, le explicó la naturaleza real del lugar en el que se encontraban:

-- Este sendero de la derecha conduce a los bienaventurados al Paraíso. Ese camino quebrado que ves abajo conduce a los pecadores al lugar de su castigo eterno; el tercer camino, en el rincón de esa oscura espesura conduce a un lugar de penas más leves del que las oraciones y las misas pueden sacar a los mortales. Pero ¿ves un cuarto camino que serpentea a lo largo de la llanura hacia aquel espléndido castillo? Es el camino del País de los Elfos, adonde vamos ahora. El señor del castillo es el rey del país, y yo soy su reina. Pero, Tomás, preferiría que me ataran a unos caballos salvajes a dejar que supiera lo que ha sucedido entre tú y yo. Por eso, cuando entres en su residencia, observa estrictamente el silencio y no respondas a ninguna pregunta que te hagan, y yo explicaré tu mutismo diciendo que te arranqué la lengua cuando te rapté de la tierra.


Tomás y la reina de los elfos se dirigierón pues, al castillo, en el que entraron pasando por la puerta de las cocinas. Allí vieron a los cocineros ocupados cortando y preparando treinta ciervos para un festín. Después llegaron a la sala real, donde el rey de los elfos les recibió sin que pareciera sospechar nada. Unos caballeros y sus damas bailaban de tres en tres una danza escocesa, y Tomás, olvidando todas las fatigas del viaje, se unió a ellos y levanto alegremente la pierna siguiendo el ritmo.


Al cabo de un tiempo que le pareció muy corto, la reina le llevó a un lado y le preguntó desde cuándo creía que estaba en el castillo. Tomás le respondió que, según él, acababan apenas de llegar.

-- Te equivocas – respondió la reina--, estás en este castillo desde hace siete años y ha llegado el momento de que te marches. Debes saber, Tomás que el demonio del infierno vendrá mañana a reclamar su tributo, y un hombre tan apuesto como tú sin duda le llamará la atención. Por nada del mundo consentiría que te sucediera tal cosa.
Así pues, ¡adelante! Partamos.

Casi inmediatamente, Tomás y su amada se encontraron en la colina de Huntly, donde había comenzado su idilio, Antes de despedirse de su amante, la reina de los elfos le dio el don de “La lengua que no podía mentir”.

“Este don fue para Tomás un regalo de doble filo, pues la facultad de no poder decir más que la verdad era un problema y Tomás se lo dijo a la reina, pues le haría inadecuado para la religión o el comerció, en la corte de un rey o en el salón de una dama. Pero su amante no hizo caso de estas observaciones y Tomás el Rimador, en cuanto una conversación giraba hacia el futuro, adquiría la reputación de profeta, lo quisiera o no, pues no podía decir nada que no tuviera que producirse fatalmente”

Tomás de Erceldoune vivió todavía algunos años entre los hombres, que le honraron por la calidad de sus predicciones. Hasta el día que un ciervo y una cierva, ambos uniformemente blanco, salieron del bosque, atravesaron el pueblo y se dirigieron directamente hacia la casa de Tomás el Rimador, que, a pesar de su apariencia animal, reconoció enseguida al rey y la reina de los elfos.


Abandonando para siempre entonces para siempre la sociedad de los hombres, siguió a los animales encantados hasta lo más profundo del bosque para no volver a salir jamás. Y si no ha muerto, todavía vive allí.



Fuente: Leyendas Medievales- Elfos y hadas en la Literatura y el arte


Montaje y Recreación:


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3 comentarios:

  1. Preciosa historia.
    Tiene que ser duro vivir así,diciendo siempre la verdad y lo que acontecerá,quizás su vuelta al bosque fuera un alivio para Tomas.

    Un abrazo.

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  2. Gracias amiga por tu comentario, me alegra saber que te gusto.
    Yo pienso igual, ha de ser duro, no es que se deba mentir, pero en ocasiones es mejor callar pues la verdad suele hacer daño.

    Besos.

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  3. Bonita historia.
    En la vida real tambien se vive de algun modo
    todo este tipo de historias.
    Por supuesto que no se debe mentir,
    yo digo, "con la verdad siempre por delante".
    Pero a veces reconozco que hay que mentir,
    mentiras piadosas,como se suele decir....Una historia preciosa..Angelsmar.
    Por otra parte,decirte que me gusta tu blog y lo que escribes,soy nueva en esto,empiezo ahora.Si puedes echa un vistazo a mi blog y dime que te parece....de antemano gracias.
    Otro punto por aclarar,ha que hora me has mandado esta entrada???Y me imagino que te llegaria mi correo????todo esto todabia no lo domino!!!!Gracias.
    Carmen Silza.

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